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Inteligencia artificial en la vida cotidiana: cómo usarla mejor sin delegar decisiones importantes

Novedades · 11 de September de 2026

La inteligencia artificial ya forma parte del trabajo, el estudio, las compras, la organización personal y hasta las consultas sobre salud. Sus beneficios son reales, pero también lo son sus límites. Aprender a usarla con criterio se volvió una nueva forma de alfabetización digital.

Hace apenas unos años, hablar de inteligencia artificial en la vida cotidiana parecía referirse a una tecnología reservada para especialistas. Hoy interviene en muchas acciones comunes: ordenar fotografías, recomendar una película, sugerir una ruta, detectar correos no deseados, traducir textos, resumir documentos, organizar tareas o responder preguntas mediante asistentes conversacionales.

La expansión de la inteligencia artificial generativa aceleró todavía más ese proceso. Herramientas capaces de producir texto, imágenes, audio o análisis a partir de instrucciones escritas comenzaron a incorporarse al estudio, al trabajo y a la vida doméstica.

El cambio es suficientemente rápido como para que muchas personas utilicen sistemas de inteligencia artificial incluso sin identificar claramente cuándo están interactuando con ellos.

Un relevamiento realizado por Pew Research Center en 2025 mostró precisamente esa diferencia de percepción: mientras que el 79 % de los especialistas consultados consideraba que las personas interactuaban con inteligencia artificial varias veces al día o casi constantemente, solo el 27 % de la población general percibía esa frecuencia en su propia vida.

La pregunta, por lo tanto, ya no parece ser si utilizaremos inteligencia artificial, sino cómo aprender a usarla de manera útil, crítica y segura.

¿Qué es la inteligencia artificial?

La Organización Mundial de la Salud define la inteligencia artificial como la capacidad de algoritmos integrados en sistemas tecnológicos para aprender a partir de datos y realizar determinadas tareas de manera automatizada.

Dentro de este campo se encuentra la IA generativa, capaz de crear nuevo contenido, como textos, imágenes, videos o respuestas a preguntas, utilizando grandes cantidades de información durante su entrenamiento.

Estos sistemas no funcionan como una mente humana ni comprenden necesariamente la realidad del mismo modo que una persona.

En el caso de muchos asistentes conversacionales, la tecnología genera respuestas mediante modelos matemáticos que identifican patrones y estiman qué contenido resulta probable o adecuado según la consulta realizada.

Por eso una respuesta puede parecer convincente y, aun así, contener un error.

Esta diferencia resulta fundamental para utilizar la herramienta correctamente.

¿Para qué puede servir la inteligencia artificial en el día a día?

Uno de los mayores beneficios de estas tecnologías es su capacidad para reducir tareas repetitivas y ayudar a procesar grandes cantidades de información.

En la vida cotidiana puede utilizarse para organizar una agenda, preparar una lista de compras, resumir un documento extenso, explicar un concepto difícil con palabras sencillas, comparar alternativas, practicar otro idioma o generar ideas para una actividad.

En el ámbito laboral puede colaborar en la redacción inicial de documentos, organización de información, análisis preliminares y automatización de determinados procesos.

En educación puede funcionar como herramienta complementaria para explicar contenidos, crear ejercicios o adaptar una explicación al nivel de conocimiento de quien consulta.

Sin embargo, existe una diferencia importante entre utilizar inteligencia artificial para ayudarnos a pensar y permitir que piense completamente por nosotros.

Una herramienta puede sintetizar un artículo académico en segundos. Pero comprenderlo, evaluar su calidad y relacionarlo con otros conocimientos sigue requiriendo participación humana.

IA y salud: una combinación con enorme potencial y mayores cuidados

Uno de los ámbitos donde la inteligencia artificial genera más interés es la salud.

La Organización Mundial de la Salud identifica aplicaciones potenciales en diagnóstico y atención clínica, educación médica, investigación científica, desarrollo de medicamentos, tareas administrativas y herramientas orientadas directamente a pacientes.

Por ejemplo, un sistema podría colaborar en la interpretación inicial de determinados estudios, ayudar a organizar información clínica, asistir a profesionales en tareas administrativas o facilitar el seguimiento de grandes volúmenes de datos.

También es cada vez más frecuente que las personas consulten asistentes de IA sobre síntomas, alimentación, medicamentos o resultados de estudios.

Es precisamente en estas situaciones donde resulta necesario establecer un límite claro.

La OMS advierte que los grandes modelos de inteligencia artificial pueden producir información falsa, inexacta, sesgada o incompleta, incluso cuando la respuesta aparece redactada de manera convincente.

Una inteligencia artificial puede ayudar a comprender términos médicos o preparar preguntas para una consulta profesional. No debería utilizarse como reemplazo de una evaluación clínica cuando existe un problema de salud.

¿Por qué una IA puede equivocarse?

Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que, porque una respuesta está bien escrita, necesariamente es correcta.

Los sistemas generativos pueden producir lo que habitualmente se denomina una “alucinación”: información incorrecta presentada como si fuera verdadera.

Esto puede incluir fechas equivocadas, estudios científicos inexistentes, interpretaciones erróneas o datos desactualizados.

El problema adquiere especial relevancia cuando la decisión involucra salud, medicamentos, dinero, asuntos legales o seguridad.

Por esa razón, una regla sencilla puede resultar útil:

cuanto más importante sea la consecuencia de una decisión, mayor debe ser la verificación humana.

Consultar una idea para una cena y consultar si se debe suspender un medicamento son situaciones completamente diferentes.

Cuidado con los datos personales

Otro aspecto fundamental es la privacidad.

Los asistentes de inteligencia artificial pueden requerir que el usuario escriba información para responder adecuadamente. Esto genera una nueva responsabilidad: decidir qué datos conviene compartir.

Información médica detallada, documentos personales, contraseñas, datos bancarios, información confidencial de terceros o documentación laboral sensible no debería cargarse indiscriminadamente en plataformas digitales.

La OMS ha señalado que la incorporación de inteligencia artificial en salud debe contemplar específicamente cuestiones vinculadas con privacidad, autonomía, seguridad, transparencia y protección de derechos humanos.

Aprender a utilizar IA también implica desarrollar hábitos de protección de datos.

La inteligencia artificial también puede reproducir sesgos

Los algoritmos aprenden a partir de grandes conjuntos de información. Si esos datos contienen desigualdades, errores o representaciones insuficientes de determinados grupos, el sistema puede reproducirlos.

En salud esto puede tener consecuencias especialmente relevantes.

Un modelo entrenado con información poco representativa de determinadas poblaciones podría funcionar peor cuando se utiliza con personas que estuvieron subrepresentadas en los datos originales.

Por esa razón, la Organización Mundial de la Salud insiste en que el desarrollo y la implementación de inteligencia artificial deben garantizar equidad, transparencia y supervisión humana, además de evaluar continuamente su funcionamiento.

La tecnología puede ser muy sofisticada y, aun así, necesitar vigilancia.

¿La IA puede hacernos más productivos?

En muchas tareas, sí.

La posibilidad de automatizar procesos rutinarios puede liberar tiempo para actividades que requieren análisis, creatividad, interacción humana o toma de decisiones.

Pero la productividad no debería medirse únicamente por la velocidad.

Si una persona genera rápidamente un documento mediante inteligencia artificial pero luego necesita corregir errores importantes, verificar información dudosa o rehacer el contenido, el ahorro inicial puede desaparecer.

El mejor resultado suele aparecer cuando la IA funciona como asistente.

Puede ofrecer un primer borrador, organizar información o mostrar alternativas. Después, la persona revisa, compara, verifica y decide.

Esta combinación permite aprovechar la velocidad tecnológica sin renunciar al criterio humano.

Inteligencia artificial en niños y adolescentes

La disponibilidad de herramientas generativas también plantea nuevos desafíos para las familias y las escuelas.

Un estudiante puede utilizar inteligencia artificial para comprender un concepto, practicar matemáticas o recibir ejemplos adicionales.

También puede pedirle que realice completamente una tarea.

La diferencia entre ambas situaciones es educativa.

Cuando la herramienta complementa el aprendizaje puede resultar útil. Cuando sustituye de manera permanente el esfuerzo intelectual necesario para comprender, elaborar y resolver problemas, existe el riesgo de perder parte del proceso de aprendizaje.

Por eso, además de preguntar cuánto tiempo utilizan los chicos una tecnología, será cada vez más importante preguntar para qué la utilizan y qué hacen con la respuesta que reciben.

La alfabetización digital actual necesita incorporar también alfabetización en inteligencia artificial: saber formular preguntas, reconocer límites, contrastar fuentes y detectar posibles errores.

Cinco preguntas antes de confiar en una respuesta de IA

Una práctica sencilla consiste en detenerse unos segundos antes de utilizar una respuesta generada automáticamente.

Podemos preguntarnos:

¿La información tiene una fuente verificable?

¿La respuesta podría estar desactualizada?

¿Estoy tomando una decisión importante únicamente a partir de lo que dice la herramienta?

¿Estoy compartiendo datos personales que no son necesarios?

¿Sería conveniente consultar a un profesional?

Estas preguntas no buscan generar desconfianza hacia la tecnología. Buscan convertirnos en usuarios más conscientes.

Una herramienta poderosa sigue siendo una herramienta

La inteligencia artificial probablemente continuará integrándose en actividades que hoy todavía realizamos sin ella.

Puede ayudarnos a trabajar más rápido, acceder a información, aprender, organizar tareas y desarrollar nuevas soluciones. En salud, además, existe un enorme campo de investigación orientado a mejorar diagnósticos, sistemas sanitarios y atención de pacientes.

Pero la propia Organización Mundial de la Salud sostiene que esos avances deben desarrollarse colocando la ética y los derechos humanos en el centro de su diseño y utilización.

Usar inteligencia artificial de manera saludable implica entender esa relación.

Podemos aprovecharla para preguntar, organizar, comparar y aprender. Podemos permitir que simplifique determinados procesos y nos acerque información.

Pero las decisiones que afectan nuestra salud, nuestros vínculos, nuestra seguridad y nuestra vida continúan necesitando algo que ninguna automatización debería reemplazar: criterio, contexto y responsabilidad humana.

Fuentes

World Health Organization. Ethics and governance of artificial intelligence for health: guidance on large multi-modal models. 2024.

World Health Organization. WHO releases AI ethics and governance guidance for large multi-modal models. 2024.

World Health Organization. Ethics and governance of artificial intelligence for health. 2021.

Pew Research Center. Artificial intelligence in daily life: Views and experiences. 2025.

Pew Research Center. AI in Americans’ lives: Awareness, experiences and attitudes. 2025.

Pensar Salud, un blog de la Obra Social OSPAT.

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